Orientación Personal

30
Junio
2014

El médico que curaba todo - Arbol familiar y recapitulación (V)

Estaba locamente enamorada de su marido. Sus relaciones con los hombres habían sido desastrosas hasta que él llegó. Miles de veces había criticado en voz alta a los hombres, a gritos en su interior. Nunca sospechó que la mala suerte no opera en estas situaciones… si te falta amor, suele haber trabajo pendiente, aunque lo disimules con el trabajo, la familia de origen, los hobbies o la justicia social.

pin-up-doctor1Pero él llegó… como llega un héroe, dispuesto a salvarla y ser el único, el bueno, el elegido, el fiel, el amado…

Vivieron un primer año idílico y en la mitad del segundo, se plantearon la descendencia. Estaban más que de acuerdo, estaban entregados. Comenzó el proyecto de sentido de un nuevo ser, todavía no concebido físicamente, pero ya deseado, anhelado, esperado y soñado por los padres locamente enamorados.

La muerte hizo acto de presencia. Fiel a su forma, pues no siempre avisa, pocas veces es justa y si ella se empeña nos gana la guerra. Alguna que otra batalla es posible a nuestro favor, pero al final, la muerte gana.

Se lo llevó rápido… aunque ella lo intentó todo. Lo que está a nuestro alcance no llega a ese ángel oscuro que nos acecha cada instante. Su vida fue peor que antes, porque el único hombre que merecía la pena, fue fulminado por una leucemia en apenas un mes.

En esa época me preguntaron unos conocidos de ella si creía que esa mujer volvería a amar. Mi opinión era un no como lo más probable, o acaso sería con un guru si tomaba el camino “espiritual”, con un médico aparentemente exitoso o con un científico genetista, celular o algo parecido. Se tomaron a broma mi reflexión pero el tiempo pasó…

Apareció el médico… y ella fue su paciente. El motivo fue la depresión sufrida en un momento puntual en su vida que no citó. El facultativo convirtió su sufrimiento y psique en un asunto celular, químico, biológico, de desequilibrio y relativo al cuerpo, Le ofreció soluciones lejanas a donde está la raíz, pues dieta y plantas, no llegan a esa memoria en el cerebro, pero la convenció por completo de su materialismo.

El médico tenía familia e hijos, de las oficiales, y a la vez poco control sobre su instintos y pasiones, es decir, un hombre poco selectivo, expresándolo en términos médicos diríamos que sufría de un fuerte delirio erotomaniaco y de grandeza. Dotado de un machismo bien aprendido de familia, llegó a odiar a su padre en silencio por ello aunque sus actos eran similares. Negó el apellido del padre y se presentó al mundo con el de la madre, mujer de negocios, sin estudios pero negocianta. Compitió siempre contra su hermana, la cual, con fines menos loables que la medicina y la curación del pueblo, le cuadriplicaba en ingresos y desde niño se lo hicieron saber.

Tal fue su ansia ante estas herencias de vida que la mentira era su ropa interior. No llegó nunca a ser médico, pero se presentaba como tal. No llegó a demostrar que curaba, pero no paraba de manifestarlo: desde el cáncer hasta el síndrome de Down y en medio hasta el autismo y los delirios. Con esa pócima no ingerida encadiló a las masas que sufren por un tiempo, las cuales son fácilmente sugestionables y ahí construyó un imperio que tenía que renovar cada instante porque perdía los cimientos. Los sufrientes siempre abundan y de todo lo que hacía lo que más funcionaba era lo que no estaba bajo su creación: alimentos y plantas que son hijas de la Tierra. Con tinte de ciencia y vigas de engaño cambiaba de público constantemente y es que no sólo se repetía, sino que no se disculpaba de sus falsas promesas ni siquiera ante niños o terminales.

Esquivó denuncias de varias féminas y más que asustarse volvía a atacar a mujeres en consulta en acosos propios de película X. Pero al final el subconsciente es sabio y nos obliga a algo más que soltar esperma bajo un falso carnet de doctor. No hay útero más fértil que el subconsciente cuando hay algo pendiente. Ya lo decía García Márquez en Cien Años de soledad: “Cada vez que Ursula se salía de casillas con las locuras de su marido, saltaba por encima de trescientos años de casualidades, y maldecía la hora en que Francis Drake asaltó a Riohacha. Era un simple recurso de desahogo, porque en verdad estaban ligados hasta la muerte por un vínculo más sólido que el amor: un común remordimiento de conciencia”.

gynLa mujer viuda se quedó encinta del aspirante a doctor. No estaba en los planes de sus desahogos… pero llegó. Justo casi a la vez paría la oficial del aspirante a Galeno un niño y abajo, en los sótanos del país, parió la viuda. Nació una niña a la que su padre nunca visitó: era un grano molesto en la noria de sus aventuras. Profundizó en una forma de vida en la dualidad pura. Prometer a la segunda mujer un futuro juntos, manifestar en público hartazgo de la primera y del resto de sus hijos, excusarse en el trabajo infernal para no pasar unos días con su hija ilegítima, jurar que en el futuro todo sería para ella y escaparse mentalmente con sus ídolos, por cierto todos dictadores en la historia humana. Podemos decir que encarnó a la perfección el arquetipo bola de nieve como se dice en esta jerga.

La viuda sustituyó un héroe de carne por uno de barro y desde el sufrimiento vivido generación tras generación aquella mujer se dispuso a ser viuda, madre soltera, esposa de un hombre ausente, segunda visible de una primera secreta para unos, segunda secreta de una primera visible para otros y sobre todo cómplice hacia su médico salvador ante el vacío por su hija. Todo a la vez. Se fue pareciendo, sin buscarlo, a su propia madre, a la que siempre juzgó por no atar corto a un padre que cuando era ella niña desaparecía por temporadas… por trabajo.

La niña creció, la noria del padre tomó la centrífuga y de esas siembras llegaron las tempestades. La muerte le ahorró el sonrojo y de repente se lo llevó. Se salvó del juicio, no sólo del penal, sino también del personal y como buen cobarde dejó que la rica del norte se quedara con las posesiones y la pobre del sur con las migajas.

Desde la muerte, con su síndrome de Cotard aún encarnado, observaba con risa estridente a esas mujeres, a las que tanto había mentido, dejando que se destruyeran entre sí, pues eso eran, carne de consumo. Y así lo hicieron, entre pleitos, herencias, odios y análisis de ADN de un par de pelos del muerto. Al final hasta el genetista apareció…

Dicen que ahora un guru sabio espera al falso médico en el purgatorio para revisar su síndrome de Cherambault. Y con el sabio se completó la profecía del médico, el genetista y el guru.

Repetimos patrones como los loros las palabras, es decir, sin saber nada del lenguaje. Despertemos en vida no sea que el ayer nos lleve por caminos transitados por bandoleros de oficio con nombres de alta alcurnia.

Sanar el pasado y volver a la Vida.

José Sánchez

Director Caminar, Meditar, Vivir

jose@caminar-meditar-vivir.com

www.caminar-meditar-vivir.com

 

 

 

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